A cada cierto tiempo abres la ventana para ver el día. No sabes por qué lo haces, si el vidrio es transparente, verías lo mismo tanto con la ventana abierta o cerrada. Pero, hay variables. El viento trae consigo una diferencia, además de que esperas que el aroma de las flores impregne el interior, que ya está algo turbio y oscuro con las ideas lanzadas desde el fondo.El ejercicio se realiza como en un compás, tiene los ritmos bien definidos, como si una partitura estuviera sobre el atril de tu cabeza.
Tampoco sabes la idea final, ni está claro el objetivo. Al comienzo fue una especie de experimento, pero el total de variables no las supiste cuantificar. Al fin crees haber llegado a la especie de respuesta-solución, pero ni siquiera eso está claro. No es tan simple como entrar en un laboratorio de química, y mezclar elementos de la tabla periódica, para finalmente apreciar el resultado.
Ahora surgen un par de preguntas, muchas de las cuales -piensas- nunca tendrán respuesta. Hace un par de minutos creíste haber dilucidado el primer por qué, pero tardó segundos en evaporarse…
Decides finalmente por dejar la ventana abierta. El incienso no logró modificar el ambiente en su totalidad. Aún es primavera, y el canto de los pájaros junto al son del Río Babel, cambiarán el escenario… o es lo que esperas.

