
Esto no ha muerto...
Un "receso" algo largo...
Poniendome al día...
Fluir: Dejar que lo que suceda, ocurra. Que lo que ocurra, suceda. Que el corazón guíe, y los pasos sigan sus huellas. Mirar al frente, y no predeterminar el futuro. Dejarse llevar por las cosas simples de la vida, no perder el tiempo en lo inerte. Sentir los latidos del corazón y a ratos volar. Soñar, y luchar porque la vida sea la utopía de los sueños encarnados. Disfrutar la vida, total... es solo una.
Todo esto tiene una especie de por qué. Sí, a ratos ni yo entiendo a qué voy. Pero me gusta. Porque simplemente dejo que los dedos presionen cada tecla, siguiendo un camino que se traza en el mismo instante. Tal vez persiguiendo una pequeña chispa que surge de mi, o de lo que tengo al lado, o de lo que vi ayer o pasado... pero se va condensando, y todo nace en el aquí y ahora... sin nada más. Sigue una linea ondulada o curvilínea, que voy imaginando como un flash en la mente. Me agrada mirarla luego de lejos, para ver que tal la forma que tomó. Si dio muchas vueltas, o si permaneció recta... como nunca lo hace. Porque el camino recto es fome. Entre comillas, sabes donde pararás. Si inicias el viaje en Arica, terminas en Puerto Williams... ¿y si nos ponemos a girar como un trompo en el desierto?, podemos llegar a lo nunca imaginado, nisiquiera a lo soñado. Porque se hace camino al andar, y es lo "mágico" de todo esto. Aunque se terminen matando las polillas y se extinga el polvo mágico de las hadas, algo queda por esperar. Existe la pequeña sensación de que esa utopía pueda llegar a rozar la punta de los dedos, pero si no hay capitán que comande tal embarcación, algún ente, por muy minúsculo que sea, estará esperando su momento para demostrar lo que sabe, y jugársela... ya sea por derrumbar el barco, o por hacer reír a las estrellas con su pésimo sentido de orientación. Ahora, sin querer todo se fue a la nada. No es que guste de enredos, pero es que nunca sé donde irán a parar las cosas. Si relatara la historia perfecta, el cuento maravilloso, no me tendría gracia. Porque al final yo no soy la que escribo. Simplemente presto los dedos, y esa especie que me gana siempre aquí, la lleva, y puede que haga vomitar al resto, como llorar. Reír o cantar. Es la gracia de que no todos seamos iguales. Sí, nacemos y terminamos muriendo igual, por muy rey o vagabundo que se sea. La comida de los gusanos será la misma, y pagando por el ataúd más bello, o lanzándose a la fosa común, da igual... el gusano se descompondrá, y terminaremos acabando vitaminas para los árboles, añorando tocar con las ramas la mas mínima superfie de nube.
No hay nada como el hombre. Déjese de lado el género. Independiente de su esencia animal, hay acciones que no se pueden dejar de lado.
Simple. Un par de botones y ya. Un sonido algo tedioso del que algunos tienen ciertos prejuicios y extrañas condordancias. También costumbres raras, como dejarlo sonar un par de veces antes de contestar.
En un tiempo pasado era un sueño. Hoy la realidad pasó a ser un sueño. A ratos amargo, otras, dulce. Igualmente prefiero un mayor porcentaje de cacao que de azúcar. Odio el chocolate amargo, y a ratos también quiero odiar esto. Aunque se dirija en un punto del yo, pero a ratos parece ser la única forma. Al comienzo pudo ser divertido, extraño, fuera de lo común. Hasta interesante. Ya no. Se tornó en un juego aburrido y común. Repetitivo e insatisfactorio. Del chiste ya nadie se ríe. Más de alguien piensa que está mal... y da igual. ¡Qué importa!. Todo termina siendo para mejor/peor, y la disyuntiva cambia su ángulo a cada mínimo roce del viento. Un pulso, y el resultado es distinto. Si la gitana hubiera hablado, nadie le hubiese creído.
Lueve sobre la ciudad. Los buses salpican agua sobre las aceras. Los rayos de sol comienzan a ocultarse. El taco del zapato se atasca en la rejilla. La hora... ya es tarde. Dejas el zapato atrás. A esas alturas, lo material pasa a segundo plano. Acabas de renunciar a la editora, y te sientes libre. Al fin podrás hacer lo que quieres. En el minuto, nada saca de tu cabeza un buen jarro de cerveza junto a un cigarrillo, en el boliche de la esquina. Ese que te vio desvanecer por primera vez gracias al alcohol. Ese que a los 15 te vio bailar y dar tu primer beso, el que a los 18 te dejó encerrada en el baño junto al chico de al lado. Ese que fue el supuesto lugar de estudio en noches de sexo, alcohol y drogas.
¿No querías que se rompiera el globito?. No será un E.I.P ni una M.I.P Mejor así...
- Cachay que es cuático todo esto?
Ya es tarde. Las luces de la ciudad se fueron apagando lentamente. Solo unos puntitos rojos se ven. Un avión produce destellos amarillos. Todo se cubre por la luna.
Que las cosas caen por su propio peso, y que nunca se termina de conocer a la gente. Creo que esas dos frases debiera tatuarmelas en los brazos, para que nunca se me olviden. Para siempre tenerlas presente, frente a cualquier individuo que llegue a formar parte de ese camino que se recorre a diario. Porque duele cuando las personas no son lo que se creía que eran. Antes podía dibujar retratos sin tener el modelo al frente. Pero, al comparar la pintura con el sujeto en cuestión, las diferencias eran notables. Iban mas allá de la tela. Es cierto, nunca fui una gran artista amiga del realismo. Siempre opté por el surrealismo, los sentimientos por sobre la vista, las emociones, colores y figuras... Tal vez ahí estaba el error. Antes me centraba en la figura, el contorno. Algo crecí y eso se dejó atrás. El fondo comenzó a valer muchísimo... hasta que pasó. Incluso eso se rompió en mil pedazos. Me pregunto si es que la transparencia fue excesiva, o si es que la circunstancia se desfiguró. Puede que valga la pena imaginar todo desde cero. Pero, si el corazón ya perdió el ritmo... nada que hacer. Mejor corro a tatuarme, antes de que se haga muy tarde.
Todo comenzó despertando minutos antes de lo esperado. Un mensaje diciendo que estaban publicadas las notas. Aprobada con un 39,5. Lo justo, lo necesario. Se sentía un día perfecto.
Hace un tiempo en una cabaña en la playa, no quisiste decir qué era lo que pensabas de mí. Llegó tu turno, atinaste a mirar tristemente y callar, bajando la vista al instante. En esos momentos, solo me interesaba TU comentario. En vez de oír tu voz algo entrecortada, solo oí cómo caían las gotitas allí afuera, además de los ladridos del perro que nos protegió, tal guardia imperial del emperador.
A cada cierto tiempo abres la ventana para ver el día. No sabes por qué lo haces, si el vidrio es transparente, verías lo mismo tanto con la ventana abierta o cerrada. Pero, hay variables. El viento trae consigo una diferencia, además de que esperas que el aroma de las flores impregne el interior, que ya está algo turbio y oscuro con las ideas lanzadas desde el fondo.